En el marco del día mundial de la
alimentación, 28 de octubre, tuvo lugar en el parque central
de Huehuetenango, la "Feria Culinaria y Agroecológica Interaciva", organizada por CEIBA, donde
se cuenta con la presencia de representantes de diferentes comunidades del
país con demostraciones de prácticas agroecológicas (abono bocashi, cultivo hidropónico), tecnologías
alternativas (blocs de papel, fabricación de velas, shampoo,...), semillas criollas y nativas, platillos típicos de
diferentes regiones del país, producidos de manera ecológica.
En
los últimos años ha aumentado considerablemente la extensión del monocultivo de
caña de azúcar en la Costa Sur guatemalteca, pues en tan sólo en un año, del 2011 al
2012 aumentó 18.000 ha, hasta llegar a la suma de 248.000 ha. (Datos propios de CENGICAÑA) Pero no sólo la caña se ha expandido, también, aunque en menor medida a esta, los monocultivos de palma africana y hule.
Monocultivo de caña de azúcar.
Este
crecimiento desmedido, se da a costa de grandes impactos ambientales y sociales:
Acaparamiento de tierras y grandes
deforestaciones para cultivos dedicados a la agroexportación, con la
consiguiente sustitución de superficie aprovechable para la siembra de maíz,
frijol y ajonjolí y otros cultivos locales, que sí generan verdaderos recursos para la población local.
Cultivo mixto de maíz y ajonjolí
Uso excesivo y abusivo del agua
para regar los monocultivos, desviando el cauce total o parcial de cursos de
aguas y secando acuíferos. Y con ello dejando a familias y comunidades sin
acceso al agua, y destruyendo biodiversidad de ríos, lagunas y humedales.
Fumigaciones aéreas de
agroquímicos, principalmente con madurativos en las plantaciones de caña de
azúcar, que afectan a la pérdida de producciones locales aledañas, principal
sustento de las comunidades, y a la salud.
La quema de
la caña de azúcar durante el tiempo de la zafra, generando contaminación
por la generación de dióxido de carbono, cenizas, lo cual afecta la salud
humana y de especies domésticas como también silvestres y que al mismo tiempo está agudizando el problema
del cambio climático.
Contaminación de cursos de agua
con el vertido indiscriminado de vertidos industriales, como el de la vinaza y
cachaza, que producen la muerte de peces y daños en la salud humana.
Destrucción
de la cobertura vegetal de las cuencas y subcuencas por el cambio del uso
de la tierra, que está haciendo reducir la capacidad de recarga hídrica en
la región.
Empobrecimiento del suelo, derivado de una pérdida de su fertilidad por el uso indiscriminado de agroquímicos.
Con el
transporte pesado que utiliza la agroindustria se destruyen las carreteras y caminos comunitarios.
Explotación laboral en la siembra, cultivo y cosecha de la caña de azúcar
en la que es reprochable reclutamiento de niños y niñas a través de
intermediarios conocidos como contratistas y también las pésimas condiciones
laborales.
Un
grave problema que ocurre en el Departamento de Retalhuleu, y en otros
municipios costeros, y que supone una escasez de tierras disponibles para
cultivos de alimentos por las poblaciones locales, con la consiguiente pérdida de su soberanía alimentaria; puesto que la agroindustria
azucarera desde hace varios años inicio el arrendamiento de tierras agrícolas, con
ofertas con las que los campesinos no pueden competir y que hoy en día representan vastas áreas sembradas con caña de azúcar.
Ante esta problemática, se reunió en Retalhuleu (Reu), el miércoles 9 de octubre, la Red por la Defensa del Territorio y la Soberanía
Alimentaria de la Costa Sur (RED SUR), que engloba a representantes de
organizaciones sociales (entre ellas CEIBA) y líderes de las comunidades
rurales del Departamento de Reu. La reunión fue convocada por el Gobernador del
Departamento, que llamó también a un representante de los ingenios azucareros que operan en el Departamento. Ninguno de estos dos se presentaron,
lo que fue visto con una clara burla, dado que se lleva tiempo pidiendo
diálogo, ante las reclamas de las comunidades por los numerosos problemas
sociales y ambientales que generan los monocultivos de, principalmente, caña de
azúcar, palma africana y hule.
De todas formas, a pesar del plantón, los integrantes de la RED SUR aprovecharon para discutir
diversos temas, entre ellos, la aceptación de aplazar la reunión a otra fecha (se
decidió aceptarla para no romper la voluntad de dialogo) y la toma de
una serie de medidas, si finalmente las proclamas no son escuchadas.
Alegra y emociona ver la capacidad
de dialogo que había en la reunión, la costumbre de asamblear y de aunar
decisiones para una lucha común, dejando de lado las pequeñas diferencias que
son normales entre las diferentes comunidades rurales y organizaciones sociales.
Por otro lado, y para terminar, tratar los males de la caña me trajo a la mente el análisis que leí hace un tiempo al compañero Jaime en su blog "ECOmentarios", sobre la remolacha azucarera y sus efectos en la economía y sociedad vallisoletana: "El insostenible negocio de la remolacha azucarera".
Échenle un vistazo y verán como muchos de las problemáticas de los
monocultivos azucareros son similares o iguales, tanto en Guatemala como
en España. Sin embargo, lo que no existe ni es comparable es la
concienciación y resistencia que atesora el campesinado guatemalteco ante un conformista y despoblado campesinado español.
Pues sí, efectivamente, los monocultivos amargan, incluso los destinados a producir azúcar.
Las luchas de las comunidades rurales (e indígenas) en la región de la
Costa Sur de Guatemala se vienen acentuando en los últimos años con las
problemáticas que deterioran y destruyen el medio, impactando negativamente en
su salud, seguridad y soberanía alimentaria, y economía familiar. Los
problemas, como en otras partes del país, se llaman: grandes represas y minas,
acaparamiento de tierras, monocultivos de caña de azúcar y palma africana,
dependencia de paquetes tecnológicos de semillas y agrotóxicos, deforestación,
agrocombustibles, contaminación, falta de acceso a servicios públicos
básicos,...
Curioso,
¿verdad? Todo les suena. Efectivamente, son exactamente los mismos ataques que
viene y está sufriendo el mundo rural en España, estamos de acuerdo que a otra
escala, pero los mismos. Será, tal vez, que son los mismos poderes económicos
los que operan uno y otro lado del Charco Atlántico…
Igual
el problema de las presas ya cesó en España, como cesó la vida para numerosos
pueblos ahogados por el bien común, que para eso somos el país del mundo con mayor número de presas por
habitante y km2. La problemática de las minas también lo conocemos y
más ahora que la rentabilidad exige que sean a cielo abierto y la mayoría se
aprueban sin resistencia, gracias al bien vendido engaño del mal pan para hoy
que oculta el hambre para mañana de una tierra inservible de por vida para
todas aquellos aprovechamientos agrosilvopastores (y sostenibles) que llevaba
sosteniendo históricamente. Otras, en cambio, generan una cierta resistencia,
como el caso de Zilbeti.
En
el proceso creciente de acaparamiento de tierras somos principiantes, pero ya
desde el gobierno español se están dando los primeros pasos, con el intento de
expolio de 4 millones de hectáreas de comunales, que supone el proyecto de ley para la racionalización y sostenibilidad de la Administración Local, aprobado el pasado 26 de julio por el Consejo de Ministros y actualmente en tramitación parlamentaria: quizá el ataque más grave. Con la excusa del ahorro
en el gasto público se pretende eliminar 3700 Entidades Locales Menores, que de
facto no suponen ningún gasto de gestión. Lo que se oculta es que detrás de
ellas hay miles de hectáreas de bienes públicos y comunales que pasarían a ser gestionados por los municipios
que les absorbiesen, perdiéndose su carácter comunal y con ello abriéndose la
baraja para que pudiesen ser vendidos a grandes grupos empresariales, abriéndose
la veda para todo tipo de megaproyectos, como el fracking, y acallándose las voces
críticas. Así, se iniciaría un proceso de acaparamiento de tierras, montes y pastos comunales que pertenecen a los pueblos y a las
gentes que las habitan y que no son una mercancía, sino la base de la identidad
colectiva y el sustento de multitud de actividades agrarias, como la ganadería
extensiva. También por el mismo proceso se cerraría la
vía para la necesaria recuperación de las actividades agrarias, en un
país en el que es necesario restablecer la soberanía alimentaria y una
población agraria que sin comunales no va a disponer de tierra para una
previsible vuelta al campo desde las urbes.
Un recomendación de documental: "Stop al Expolio de los Bienes Comunales".
En
monocultivos y agricultura convencional (industrial) somos también expertos y muy poco
conscientes de los problemas que generan. La revolución verde también nos
enseñó a despoblar las actividades agropecuarias tradicionales y hacer
dependientes de multinacionales y de sus paquetes tecnológicos a los pequeños
productores, pero en España, en cambio, somos más “solidarios” y como tampoco
les pagamos justamente por su producto, por su trabajo, le subsidiamos para que mal subsistan y
sean vistos por la sociedad como unos vagos mantenidos.
En el acceso
a servicios básicos el mundo rural español también es carente, la no
rentabilidad (¡ni que los servicios públicos se debieran medir con la vara de
la rentabilidad!) de unos ciudadanos de segunda, hace que los niños tengan que
recorrer largas distancias para ir a la escuela o que las emergencias médicas
haya que tomárselas con la calma de un largo recorrido hasta la capital de
provincia (Arribes quiere vida es un buen ejemplo relativo a la sanidad).
En
Guatemala, sin embargo, en las aldeas y comunidades se es mucho más consciente que en España
de su situación y sus luchas se sienten inmensamente más potentes, bien es cierto que
los problemas se ven acentuados y las masacres para acallar las voces críticas
sean el pan de cada día. Ya iré abriendo el abanico, pero el “campo” español y
guatemalteco se parecen más que bastante, y para estos inicios he hablado más
del primero, del que bien conozco, el otro por el momento lo voy
conociendo.
Se conoce como engarillas a las
puertas de acceso a huertos, prados y parcelas. En la RAE no se le digna
mención, como a otros tantos localismos, pero es una término muy enraizado en
los pueblos de la zona Oeste: Salamanca, Extremadura,...
Así, es un vocablo que me resulta
muy familiar y que encaja como anillo al dedo a las pretensiones de este blog,
que nace con la finalidad de relatar pensamientos que puedan dar voz al mundo
rural, y a las luchas por la soberanía alimentaria y defensa del territorio.
Este espacio comienza en
Guatemala, donde colaborando en la
Asociación CEIBA estoy pudiendo trabajar realizando diversas capacitaciones a
las diferentes producciones agrosilvopastorales de las comunidades de la Costa Sur
(Departamento de Retalhuleu), participar en las luchas campesinas
contra diferentes ataques a la población rural e indígena (monocultivos de caña
de azúcar y palma africana) y ampliar la experiencia viviendo con una familia de
etnia e idioma K’iché, conociendo su vida diaria y ayudando en las tareas y manejos
de los cultivos y ganados familiares. Muchas realidades que intentaré relatar y que, sobre todo,
intentaré poner en contexto, pues la vida en la aldea acá es bastante similar a
la de nuestros abuelos en los pueblos hace un tiempo, y los ataques a los que
se ve sometida la población de las comunidades en las que trabajo guardan una
gran similitud con los que viene y está sufriendo el mundo rural en
España. No es de extrañar, pues para eso es que existen los grandes poderes
económicos, ¿verdad?, para poder globalizar el capitalismo de un lado al otro
del globo. Aprovechemos nosotros, pues, tal y como alza el grito la Vía
Campesina, para también globalizar, pero en este caso la lucha y la esperanza.
Queda abierta la engarilla al otro lado del charco, a Guatemala. Pasad,
dejadla abierta, que por esta vez el ganado no se va a salir, y
aprovechad de paso para comentar, pues todo comentario y/o crítica desde
luego que se agradece.